Si la India es la introspección y la búsqueda del sentido mediante el pensamiento, para un Teamcoach camino de China, Shanghai es la acción. Se trata de hacer sin pensar, por intuición, siguiendo los instintos forjados con la experiencia. Pensar y no hacer es impensable.
Sobrevolamos toda Rusia en cuestión de horas. San Petersburgo, Moscú, Irkutsk. Del Báltico a los Urales. Mongolia, Ulan Bator. Siempre me ha llamado la atención ese nombre. Genghis Khan nos observa desde abajo.
Recuerdo con cierta nostalgia ese libro de Verne en el que un correo del Zar hace el mismo recorrido a caballo por la estepa siberiana. Quiere prevenir a su amo de un traidor, un tal Ogareff, o algo parecido. El camino del héroe. Me acuerdo lo me emocionaba y me sigue emocionando la valentía de hombre, Miguel Strogoff. Puede que fuese la sonoridad de su nombre. ¿Quién sabe? O eran los obstáculos y peligros que ponían a prueba su vida y su misión. Y él, impasible al desaliento. Perseveraba. Como todo buen héroe que se preste.
Te hablo de otro héroe, uno que se filmó en el año que nací. Sin embargo parecía sacado de una tragedia griega, no de la Rusia bolchevique. Doctor Zhivago, una enorme actuación de Omar Sharif. Y otro más, Marco Polo. Él escogió otro camino para llegar a Oriente. Escogió la India. Curioso. También en mi caso pasé primero por la India para llegar a China. Si bien con escala de una semana por Madrid. Y luego sobrevolando Siberia. Es el siglo XXI.
Me siento, como dicen los alpinistas, abriendo una nueva ruta hacia la cima de la montaña. ¿Será Shanghai una cima? Sueños juveniles. Se me ha olvidado lo que le ocurrió al final a Strogoff, a Zhivago, a Marco Polo. Puede que sea lo de menos. Shanghai está ahí abajo, esperando en la niebla. Amanece.
Sobrevolando Shanghai, 11-3-2019