Los equipos son como las personas, tienen su personalidad y su carácter. Al atardecer del 28 de febrero hice mi manifiesto con KippiT. Ellos son fuerza, energía, vida en estado puro. Uno a uno fueron desgranando sus pensamientos y emociones, sus miedos y pasiones, pasados, presentes y futuros. Lo hicieron como son ellos, naturales, frescos, auténticos. Permitieron que les grabase, se hicieron vulnerables ante sus compañeros, ante mí y ante el mundo. No tienen, ni quieren ocultar nada. Son corazones bellos y fuertes, que disfrutan comiéndose el mundo, exprimiendo al máximo cualquier momento vital.
Me identifico mucho con KippiT, así que me entregué proclamando también mi vulnerabilidad y mis vivencias. Lo hice conectando con mi centro, con lo más profundo de mi ser. Me miraban con los ojos muy abiertos, casi sin respirar, tratando de integrar todo lo que allí estaba sucediendo. Una verdadera maravilla, una comunión de vida.
Les hablé de gratitud, de perdón y de humildad. Les conté mis profundos miedos y carencias en los que me encontraba antes de entrar en LEINN, les hablé de paciencia, de frustración, de rabia y de aprendizaje, mucho aprendizaje. De la humildad con la que me presenté a un proceso de selección pasados los cincuenta, de la rabia y la frustración de darme cuenta que mi salud no me daba para viajar con sus compañeros el año pasado a Berlín, de una exitosa operación de doce horas y de una sorprendente recuperación en la que ellos han tenido una aportación fundamental. Les hablé de la vida y de la muerte, de la gratitud y del perdón. Y les conté nuestros futuros llenos del amor que queramos atraer a nuestras vidas.
Una proclamación de vida, esperanza y amor. El Taj Majal nos escuchaba y asentía desde su simetría casi perfecta.
Agra, 28-2-2019