Hemos llegado al final de camino en Agra entre tambores de guerra.
Hoy, al atardecer y con el Taj Majal como testigo, vamos a exponer nuestro manifiesto, vamos a proclamar uno por uno quiénes éramos hace unos años, dónde nos encontramos en este momento y trataremos de visualizar hacia dónde queremos ir.
Todos los que forman parte del equipo se expondrán ante mi, ante sus compañeros y ante si mismos. A sus veintipocos mostrarán su vulnerabilidad protegidos por una confianza construida en este último par de años.
En mi caso pienso, hablarles de humildad, de gratitud y de perdón. Quizá también lo haga de amor, aún a costa de sentir todavía un cierto vértigo, un pudor de entrar en un terreno donde mi desbroce ha sido muy superficial.
Sigo tranquilo, relajado, contento de poder estar aquí con ellos y que me hayan invitado a entrar en su casa con una sonrisa sanadora. Sandor Ferenczi proclamaba que sin amor no existe la curación. Puede que valga la pena probarlo.
Te siento ahí, observando mi camino y me gusta contártelo.
Agra, 27-2-2019